Mis últimos meses fueron bastante dinámicos en lo que a las relaciones amorosas me respecta. En cada encuentro aprendí muchas cosas, de las cuales solo escribiéndolas puedo compartirlas a mi audiencia. En esto soy firme: el hombre se divierte chocándose contra las paredes mientras camina por el túnel de la vida.
De Miguel aprendí que, cuando un hombre te dice que tiene novia, solo piensa coger 2 veces: la primera, por placer; la segunda, intentar un trío. Obviamente, luego de negarme, todo terminó.
De Nicolás aprendí que, cuando un hombre actúa como enamorado durante el primer mes y a la mínima distancia en tiempo-espacio éste huye, no es más que un tarado. No sólo que lo perdoné, sino que lo seguí viendo por un breve lapso de tiempo en el que las cosas entre nosotros solo pasaban por la cama.
De Franco aprendí que, cuando se fuerzan las cosas, tampoco salen bien.
De Lucas aprendí que los hombres de 30 la tienen más clara que los de 20. Y que estos sí saben el arte de la seducción, alejandote de todo amor y disfrutando sin complicaciones amorosas.
Y de Tomás no aprendí nada.
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