MI JUGUETE
Todavía recuerdo su mirada. Sus ojos, como dos faros oscuros, eran mi bandera. Su boca que callaba tanto. Era bella. No, era hermosa. El pelo corto, que indicaba sus ideales frente a la sociedad, siempre rebelde. Esos bucles que, dependiendo el viento, se lucían o molestaban. Sus manos, que mostraban su firmeza y seguridad. Su cuerpo, un mar de encantos. Cuando la miraba, me perdía. Cuando la veía caminar, mis pensamientos fluían a una velocidad inigualable, pero mis palabras eran bruscas y se trastabillaban al salir de mis labios.
Ella me había cambiado la vida. Y nunca dijo mucho. Creo que el misterio fue lo que desencadenó mi obsesión. Su silencio y su mirada decían lo que yo quería escuchar. Ella era todo lo que yo siempre quise porque yo la había creado.
Fue una mujer al azar. Ella, tan callada y sumisa, podía encajar perfectamente en mi. Pero por el hecho de que el silencio dice más que las palabras, y cada uno interpreta al silencio como quiere; por lo tanto, las palabras que ella decía al mirarme las decía yo. Ella era mi juguete.
“No existe el amor” dijo un día. “no creo en el amor, no creo en nada” me gritó. Sus lágrimas no caían de sus ojos. Era muy orgullosa. Era perfecta. Pero tenía miedo a que la lastimaran (nunca lo dijo, pero siempre lo supuse). Una vez leí que el que no ama por miedo a que lo lastimen es como un suicida que le teme a la muerte.
DEL FIN DEL MUNDO A LA CAPITAL
Nuestra casa era sencilla. Siempre lo fue. Tenía dos cuartos y estaba hecha de adobe. Apenas entrabas estaba la mesita, un par de sillas, algunas cosas tiradas del colegio de los chicos, la virgencita y los santos. En el otro cuarto dormíamos. Por suerte habíamos conseguido una puerta de madera para la entrada, porque solían decir por ahí que había gente que robaba lo que no es propio. Nosotros no nos preocupábamos mucho porque éramos tan pocos que apenas pasaba algo nos enterábamos todos.
Hoy ellos están enterrados en el cementerio del pueblo. Hablo de mis viejos. Ellos querían que tiremos las cenizas en Mar del Plata, pero no nos alcanzaba la guita para el viaje.
En ese lugar éramos alrededor de cuatro familias. Pero cada familia era un mundo distinto.
Nosotros vivíamos de la lana.
Era una linda vida. Muy tranquila. Los días eran largos, los calores eran intensos y los inviernos helados. No nos podíamos quejar. No sabíamos donde empezaba un terreno y donde acababa el del vecino. Era así.
De vez en cuando íbamos al pueblo más cercano a vender nuestras cosas, a comprar alguna que otra cosa, pero eso era un par de veces al mes. El resto de los días a las 5 amanecíamos y a las nueve ya estábamos tomando los últimos mates.
Yo siempre soñaba con irme a la ciudad.
DE LA IRA AL LAMENTO
De la ira al lamento
Ira.
Mucha ira.
Mis piernas también sienten ira.
Es esa ira nerviosa que fluye por la sangre
Y se refleja en cada órgano del cuerpo.
Me trueno los dedos.
Quiero estallar.
Siento que el corazón me late más fuerte
Y me encantaría decir todas las palabras vulgares que conozco.
La ira se convierte en odio.
Odio a los hechos.
Odio a las consecuencias.
Odio a la realidad.
Odio.
Y el odio se convierte de a poco en arrepentimiento.
A cuestionamientos interminables.
¿Por qué lo hice?
De a poco uno se da cuenta de que la ira sucede
Por la impotencia de no poder hacer lo que de verdad uno quiere.
De a poco uno se calma y empieza a pensar en frío.
Además de cuestionarse y arrepentirse, uno se lamenta.
Se da cuenta que la ira y el odio son animales y no humanos.
La bestia interior reacciona por uno;
pero en realidad es la bestia, no la persona.
Ahí uno vuelve a sentir odio,
pero esta vez, por uno mismo.
En realidad, por la bestia.
Odio,
porque la dejó salir nuevamente.
Odio,
porque esa bestia tiene que quedar encerrada, escondida, aislada.
Nadie la tiene que alimentar, ni mimar, ni incentivar.
Es una bestia que tiene que morir,
Porque la sociedad no está hecha para estas bestias.
Luego del odio por uno mismo,
Pasamos al lamento.
Y, en ese lamento, llegamos al punto en el que se cierra el círculo.
Hay dos opciones.
O uno cambia porque se da cuenta que estuvo errado,
O uno sigue con la misma postura porque se da cuenta de que estaba en lo correcto.
CAMUS
Siempre quise leer a Camus. Creo que fue porque mi tía siempre me dijo que él era como su amigo, con el que podía entenderse y no sentirse sola. También me dijo que el día que murió fue más triste para ella que cuando su padre murió. Creo que no tiene comparación: su padre, un cocainómano y Albert, un existencialista francés con ese no se qué encantador.
El vecino canta mal. También canta muy fuerte. No me puedo concentrar. Tengo que dormir. ¿Por qué
29 DICIEMBRE
Cuando las lagrimas no caen,
cuando el alma pesa,
cuando uno se siente impotente,
cuando la vida pasa sin darte cuenta.
Cuando el otro no comprende de tus penas,
y cree que si.
Cuando uno no hace más que extrañar,
A quienes tiene mas cerca.
Cuando uno vive de recuerdos,
Cuando la vida se torna monótona.
Cuando uno se siente vacio,
Cuando el otro no lo entiende.
Cuando uno se siente solo.
Solo.
Solo.
Y se da cuenta que nada va a hacer que eso cambie.
La soledad.
Cuantos hablan de ella
Pero pocos la conocen.
Esa soledad que te acompaña siempre.
Siempre dije que la vida es como un camino,
Que uno no sabe de adonde viene ni hacia adonde va,
Pero sabe que está solo. Uno nace solo y muere solo.
Ni el más puro amor es eterno.
Porque al fin y al cabo, uno muere primero, y el otro sufre
Porque se da cuenta que siempre estuvo solo, y siempre lo estará.
La vida es mucho mas complicada que una mudanza y ya. Todo lo que uno deja atrás, todas esas penas no desaparecen, solo cambian, mutan, se transforman.
Cuanto mal hace el otro con sus palabras sin darse cuenta. Y la escasa paciencia que me caracteriza no ayuda en nada.
La odio. La odie siempre, pero mas ahora. Sus simples ruidos al masticar me enervan. Sus miradas me enloquecen. Lo único que hace es criticar, ensuciar al otro y no parar hasta que su autoestima esta por encima de las nubes.
No critica a cualquiera, critica a mi padre. No denigra a cualquiera, denigra a mi madrastra. No odia a cualquiera, odia mi manera de ser, aunque no lo digan. Sus actos lo dicen. Su mirada lo dice. Uno puede tener una pelea momentánea con alguien, y luego perdonarlo. Lo que hace ella es guardarlo en su archivo de recuerdos y mencionarlo cada vez que es necesario, solo para bajar de categoría al otro.
Estaba cansada de esas conversaciones políticamente correctas. Simplemente cansada. Que la lluvia, que el calor, que el presidente, que la policía… basta. Al fin y al cabo, uno no puede cambiar nada de lo que habla. La gente no habla de sus problemas, que si se pueden solucionar. Sino que habla de las responsabilidades de otros, de la pobreza, de la vida en la ciudad. La televisión te dice de que tenes que hablar. Porque crímenes,robos, descarrilamientos de trenes y subtes, terremotos y violadores hay todos los días. Pero no. Parece gracioso ya, que los noticieros un dia hablen de cuantos accidentes hay y no mencionen los crimienes, y otro dia mencionen cuanto roba el presidente al mando y no mencione los terremotos de otras partes del mundo. Vivimos en una burbuja en la que nos dicen que tenemos que pensar, que tenemos que decir y como tenemos que actuar. Hay que mirar primero a la izquierda y después a la derecha antes de cruzar. Hay que comer despacio. No hay que fumar marihuana.
Basta de hipocresía señores. Todos se sienten solos y no lo pueden aceptar.
Basta. Están todos patéticamente solos y nada lo puede cambiar.